Gabriela Barragán Rueda, docente de la Facultad de Psicología de la Universidad Antonio Nariño (UAN), explica que “tanto los pensamientos como las emociones juegan un papel relevante en nuestra alimentación. Los pensamientos pueden afectar la elección de alimentos, la motivación para comer, la velocidad de la ingesta, la cantidad que se consume e incluso el metabolismo”.
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